¿Alguna vez te has preguntado por qué te gusta tanto viajar? Apenas estás volviendo de vacaciones y lo que más feliz te hace en ese momento de afrontar la vuelta a la rutina es planificar el siguiente viaje. Conocer lugares nuevos, ver mundo, descubrir otras culturas, otros puntos de vista, sitios que siempre has soñado visitar… todo lo que hace que viajar sea maravilloso.

Una de las razones que nos empujan a vivir nuevas experiencias es nuestro espíritu aventurero, fantasear con qué nos espera en lugares lejanos. Un estudio realizado por la de la Universidad Estatal de San Francisco, a cargo de Thomas Gilovich, llega a la conclusión de que la ansiada felicidad, que todos perseguimos, no reside en los bienes materiales que poseemos, sino en todo lo contrario, la clave está en los recuerdos. Los investigadores lo dicen, “somos la suma total de nuestras experiencias, por lo que “nuestras mayores inversiones deberían dedicarse a crear recuerdos en base a experiencias y vivencias personales”, como los que se generan viajando. Y, es que en la investigación, se ha comparado la gratificación de viajar con la de comprar cosas, llegando a la conclusión que: “nuestras mayores inversiones deben ir hacia experiencias que crean recuerdos para toda la vida” y no tanto en la satisfacción inmediata de una compra compulsiva.

Este estudio va más allá, aclara las razones por las que viajar es la clave para conseguir algo que se acerca mucho a la ansiada felicidad:

– Salir de la rutina
La rutina nos hace perder la ilusión y el entusiasmo típicos del inicio. Y es que lo contrario a la novedad, a lo nuevo, es precisamente la rutina y la monotonía, que nos hace infelices a largo plazo. Es por eso de vez en cuando hay que cambiar de aires y romper con la rutina. Si piensas que ir de compras es suficiente para oxigenar tu cerebro, no estás en lo cierto. Consumir es un acto ‘cortoplacista’, que colma el deseo de un capricho, pero que no permanece en nuestra memoria lo suficiente como para olvidar la rutina. Sin embargo, según el estudio antes nombrado, “viajar, además de relajar, implica hacer un ‘break’ en tu vida, regalarte tiempo… Y, sobre todo, hace que dejes de lado lo cotidiano (y el estrés) y generar pensamientos que conducen a sentimientos agradables. Descubrir cosas nuevas te hace sentir motivado y sentirte realizado por lo que has hecho”.

– La emoción de la novedad
Nuestra mente necesita constantemente actividad, nuevos retos, cambios, descubrimientos… para mantenerse activa y despierta. El acto de viajar nos genera diferentes emociones relativas a vivir experiencias y vivencias nuevas. Esto hace que, cuando recuperamos ese recuerdo, recuperamos esa emoción.

– Los preparativos
Un viaje engloba una serie de rituales que hace que tengamos nuevas metas y proyectos en mente. Organizarlo, pensar las fechas, el lugar, la compañía…. El hecho de planearlo, incluso aunque sólo sea en parte, produce satisfacción y una importante labor de imaginación por parte de nuestra mente: como será, qué aventuras viviremos…según el estudio de la Universidad Estatal de San Francisco “este proceso de visualización ya es de por sí beneficioso”.

– ¿Felicidad momentánea o felicidad que perdura?

Está demostrado por la ciencia: invertir en cosas materiales no nos hace felices. Aunque sintamos una sensación de ‘subidón’ al principio, es algo efímero y momentáneo. Lo que realmente nos hace felices es compartir momentos con los que más nos importan, aventuras, conocer lugares nuevos, descubrir nuevas culturas, que nuestra mente no pare de enriquecerse con la novedad. Por lo tanto, merece la pena ahorrar un poco y lanzarse a una escapada. Ya sea para desconectar, descubrir…siempre será una experiencia y algo que nos revitaliza por dentro y por fuera, ya que, según el estudio de Thomas Gilovich “El fin de un viaje es la búsqueda del bienestar; es algo pleno. El fin de una compra es rellenar de forma inmediata un vacío; es algo efímero”.

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